Los peligros del sol

Fuente de calor y vida, el Sol también esconde sus peligros.

La exposición al sol produce lesiones benignas y transitorias como la irritación, descamación o simplemente enrojecimiento. El problema es que la exposición prolongada o muy seguida, un día tras otro, puede transformar estás pequeños daños en lesiones más graves, es entonces cuando aparecen las manchas, la piel pierde consistencia y aparecen arrugas y en los casos más graves, puede derivar en un carcinoma o cáncer cutáneo.

Este problema se hace evidente por el aumento de los casos de melanoma y carcinoma. Mientras que otros canceres van en disminución gracias a los avances en prevención y detección, los de piel aumentan. ¿Por qué?

Excederse en las horas de exposición al sol en busca de un buen bronceado parece ser la principal causa. «Pues bien el que más sube en Sevilla es el melanoma, entre un 10 y un 12% cada año, y entre un 6 y un 8% el carcinoma basocelular. Además, cada vez los vemos más en personas más jóvenes. Personas con 25 y 30 años que llegan con la piel destrozada por el sol cuando antiguamente el cáncer de piel afectaba más a los ancianos. Ahora que el cáncer de piel se cura mejor —el tipo carcinoma hasta un 95%— hay más casos, la población se empeña en no tomar medidas» son palabras del experto en la materia Julián Conejo-Mir Sánchez, jefe de servicio y director de la Unidad de Gestión Clínica de Dermatología del hospital Virgen del Rocío de Sevilla que lamenta cómo se llega a tener un problema de salud por una cuestión puramente estética que no es otra que estar moreno.

 

Además, este problema se prevé que vaya a peor si no se toman medidas. «Aunque la capa de ozono se ha reducido un 0,01, sólo con eso se notan los cambios. De hecho, los que hoy hemos rebasado los 50 sabemos que antes no nos quemábamos con estar solo un día en la playa y actualmente en una hora ya estamos quemados», comenta Conejo-Mir. Esto quiere decir que no solo debemos usar protector para ir a la playa, sino que también en la ciudad porque el sol está en todos lados.

La clave para prevenir problemas en la piel es el uso de un buen protector solar.

¿QUÉ ES UN PROTECTOR SOLAR?

Los protectores solares son agentes que ayudan a prevenir que los rayos ultravioletas (UV) lleguen a la piel. Existen dos tipos de radiación ultravioleta, los rayos UVA y los rayos UVB, los cuales causan daños a la piel y aumentan el riesgo de cáncer de piel. La luz UVB es la principal causa de las quemaduras por el sol, mientras que los rayos UVA penetran en la piel más profundamente,  se asocian con las arrugas, la pérdida de la elasticidad y otros efectos del fotoenvejecimiento. También agrava los efectos cancerígenos de los rayos UVB y cada vez más se considera la luz UVA un causante de cáncer de piel.

Además, el sol deshidrata la piel. Esto, junto a los daños en el DNA producidos por los rayos ultravioleta causa las odiadas y temidas arrugas. El envejecimiento cutáneo es un proceso fisiológico asociado a la edad, como también lo es la degradación del colágeno y la elastina, dos proteínas fundamentales de la estructura de la dermis y epidermis. La piel, todos lo observamos, tiene una tendencia natural a arrugarse con la edad (las arrugas de la experiencia). Una exposición prolongada al sol acelera este proceso; y uno de los efectos derivados de la exposición solar sin una protección adecuada es la aparición de nevus (las clásicas pecas) y lentigos («manchas solares»).

¿CÓMO ELEGIR UN BUEN PROTECTOR SOLAR?

Existen dos tipos de protectores: los físicos y los químicos.

Los protectores solares «físicos» están formulados sobre una base de óxido de zinc o dióxido de titanio, ambos compuestos inorgánicos. Cuando se aplican sobre la piel crean una barrera entre la radiación y tú piel, de modo que los rayos “rebotan”. Son los más inocuos, dado que no se absorben. Por esta misma razón, al no absorberse, pueden dejar una ligera capa blanquecina sobre la piel pero conviene priorizar sus muchas virtudes en salud. Además, con los filtros físicos no es preciso esperar para que ejerzan su acción fotoprotectora, empiezan a proteger en el momento que se aplican.

Por otro lado, los protectores solares «químicos» se formulan con diversas sustancias, principalmente: oxibenzona, octinoxato, octisalato y avobenzona. Todos funcionan mediante la degradación química de estos compuestos por efecto de la radiación solar. Tienen como ventaja que no dejan una capa de impregnación blanquecina sobre la piel, son ligeramente más resistentes al sudor y al agua. No obstante, suelen ser irritantes al taponar los poros de la piel; y los ingredientes se absorben llegando a la circulación de nuestro cuerpo pudiendo ser nocivos para la salud. Por otra parte, dan lugar a un ligero calentamiento de la piel, debido a que la reacción química de degradación por efecto de la radiación genera calor (como cualquier reacción química).

Por tanto, a largo plazo se recomienda el uso de protectores físicos con una base ligera, para que la capa protectora no sea tan blanquecina sobre nuestra piel, y con un factor de protección SPF 50+ que nos mantengan a salvo de los efectos dañinos del sol y nos permitan conseguir una piel cuidada e hidratada este verano. Como nuestros protectores solares BIO MER 100% naturales con SPF 50+, que no solo nos protegen del sol sino que además contienen principios activos antipolución como el aceite de frambuesa y principios activos hidratantes como el ácido hialurónico.

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